Avalancha de lodo en San Gabriel puede repetirse en distintos puntos de Jalisco

Lo ocurrido se debió a la deforestación, falta de desazolve, presencia de pendientes pronunciadas y lluvias

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A días de la devastación ocurrida en la cabecera municipal de San Gabriel, uno de los fantasmas que atormentan a los pobladores es el de la posibilidad de que la tragedia ocurra de nuevo.

La tarde del domingo 2 junio, en esta localidad de la región Sur de Jalisco, no cayó ni una gota de lluvia; sin embargo, el Río Salsipuedes –que cruza el pueblo– se convirtió en una avalancha de piedras, lodo y troncos, que dejó afectaciones en casas y negocios, cinco pérdidas humanas, una persona desaparecida y 3 mil damnificados.

“Mi hijo pequeño me dice, ‘mamá, tengo miedo, ya no quiero vivir aquí, qué ocurrirá si pasa en la noche’”, comparte doña Silvia, una de las afectadas, quien con la intención de tranquilizar a su niño le dice que eso no volverá a suceder; sin embargo, ella sabe que esa situación es posible.

El ingeniero forestal Juan Valencia García, del Centro Universitario del Sur (CUSur), menciona que este tipo de avalanchas pueden ocurrir otra vez, pero sólo si no se realizan medidas preventivas, en coordinación con la sociedad, Protección Civil y los tres órdenes de gobierno.

El académico identificó que comunidades cercanas a San Gabriel, como Atequizayán y El Fresnito, son poblaciones que también corren riesgo de una avalancha de lodo, aunque en esta última ya se emprenden acciones preventivas; esto debido a que hay pendientes pronunciadas, ha habido deforestación en zonas altas y existe azolve en los cauces.

El especialista en Geomorfología del CUSur, maestro Ricardo García de Alba, señaló que Tuxpan, Atenquique, Los Guayabos o Chuluapan, en Ciudad Guzmán, también son lugares vulnerables.

El Director de la División de Estudios de Desarrollo Regional, del Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur), Enrique Jardel Peláez, pone en la mira diversas poblaciones de los diez municipios por donde corre el Río Ayuquila, ya que en muchas se cumplen las mismas condicionantes.

Sin embargo, no sólo en la región Sur y Sierra de Amula hay zonas propensas a que ocurra este evento; el Jefe del Departamento de Geografía y Ordenamiento Territorial, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), Carlos Suárez Plascencia, explicó que “todas las áreas boscosas que fueron quemadas son susceptibles a presentar ese tipo de fenómenos si se dan lluvias de fuerte intensidad, si hay poca cobertura vegetal y altas pendientes”.

Hace unos días, compartió, en el Bosque La Primavera, del lado de Tlajomulco, hubo un flujo de lodo, aunque no fue tan grande. Otros lugares donde ha ocurrido son en San Juan Cosalá y Tizapán, a la orilla del Lago de Chapala. “Es un problema que sucede cada año donde hay una zona de montaña y cambio de uso de suelo o incendios recientes. Lo mismo pasó en San Lucas Evangelista, Tlajomulco, en las faldas del Cerro Viejo”.

Los casos se repiten en Puerto Vallarta, donde “la montaña ha sido alterada para fines urbanos, eso puede provocar deslizamientos como en la zona de Conchas Chinas y Mismaloya, donde se ha presentado caída de roca a la orilla del mar”.

Los especialistas exhortaron a la población a que contemplen los niveles históricos de aluvión en las corrientes de ríos para conocer los niveles que puede alcanzar el agua cuando hay lluvias extraordinarias.

Acciones inmediatas, necesarias
Valencia García dijo que, después de lo ocurrido en San Gabriel, es urgente medir el impacto de los daños, pero también que se remuevan las represas en ríos, se limpie la basura y “estabilicen taludes con pendiente donde puede haber deslizamiento de piedra y roca”.

García de Alba mencionó que se debe atender y proteger los bosques de la tala y los incendios, mismos que fueron cruciales para la avalancha en San Gabriel.

“Las instancias que tendrían que supervisar son Conafor, Semarnat, Profepa y las oficinas de ecología de los municipios. A veces no conocemos lo que administramos, y lo ocurrido es el resultado de la pésima coordinación de nuestro medio ambiente”, declaró.

Este evento devastador, explicó, fue multifactorial: no sólo fue por los incendios que redujeron la masa forestal en tierras altas lo que propició el desplazamiento de tierra y las represas que se formaron.

“El Río Salsipuedes tenía azolve, producto de eventos naturales o artificiales (escombro o basura); además, en muchas partes, el cauce fue reducido por ganarle terreno al río. Con la cantidad de agua que trae el río se provocan taponamientos que generan represas, que luego son rotas por la presión”, refirió García de Alba.

Precisó que la autoridad sí tiene la capacidad de identificar las zonas peligrosas, mediante sistemas de información geográfica; por ello, deben de administrar mejor los territorios de los ríos, que son asumidos como espacios federales.

Las pendientes pronunciadas de la cuenca fueron otro factor que intensificó el desplazamiento de lodo. La tarde del domingo 2 de junio el agua de lluvia que cayó en las montañas bajó desde una altura de 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar hasta San Gabriel, que está a mil 300 metros.

Calculan caudal que llegó a San Gabriel
El ingeniero Valencia García buscó conocer la cantidad de agua por segundo que escurrió por la cuenca en las zonas altas y llegó el Río Salsipuedes, la tarde del domingo 2 de junio.

Para ello calculó el coeficiente de escurrimiento de la cuenca mediante un modelo matemático avalado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Tras conocer que la cantidad de agua de lluvia que cayó ese día en las montañas fue de 37 milímetros, descubrió que el escurrimiento en la cuenca, antes de los incendios, era de 6 por ciento y después de éstos, de 19 por ciento.

Con dichas cifras, Valencia García utilizó un simulador de flujos de agua del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y al correrlo pudo constatar que “antes del incendio, el caudal era de 18.71 metros cúbicos por segundo; después del incendio, el caudal aumentó a 72.58 metros cúbicos por segundo”, es decir que 72 mil 580 litros de agua corrieron cada segundo.

Estos datos dan cuenta de la fuerza con la que el agua arrastró troncos, automóviles y destruyó casas, pese a que en la población afectada no cayó ni una gota de lluvia.

A t e n t a me n t e
«Piensa y Trabaja»
Guadalajara, Jalisco, 9 de junio de 2019

Texto: Iván Serrano Jauregui
Fotografía: Gustavo Alfonzo | Alfonzo Martínez