La fiebre verde que calienta a Jalisco

La deforestación en nuestro estado, muchas veces propiciada de manera ilegal para dar espacio a cultivos intensivos como el del aguacate, aumenta el estrés térmico. Altos, Norte y Centro son las regiones que más resienten el cambio climático provocado por estas prácticas

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Las imágenes son desgarradoras. El pulmón del planeta, el bosque tropical del Amazonas, está consumiéndose a pasos agigantados a causa de 71 mil focos de incendios suscitados entre enero y agosto de este año. La razón, dicen ambientalistas, es que los productores del campo prenden fuego a los terrenos donde pretenden que existan campos para la agricultura y la ganadería.

Estos preocupantes siniestros se han repetido en Jalisco durante años, donde el interés por hacer productiva la tierra ha llevado a que los bosques sean sustituidos por plantíos una vez que fueron quemados o talados, lo que genera un impacto ambiental, comparte José Ariel Ruiz Corral, profesor especialista en Agrometeorología, del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA).

“Donde hay un cambio de uso de suelo hacemos un desbalance térmico de esa superficie. Cuando talamos un bosque para la ganadería o agricultura, cambiamos la cantidad de energía solar que se absorbe y refleja en la superficie. Con esto alteramos el balance radiactivo disponible para que se realicen procesos como la evapotranspiración. Entonces es muy probable que nuestra área deforestada tenga temperaturas máximas y mínimas más extremas, lo que deriva en efectos negativos en los animales, plantas y el ser humano”.

El especialista comenta que, cuando esto ocurre, la temperatura puede aumentar hasta tres grados centígrados, que se resienten entre las 3 y 4 de la tarde. “Lo que tenemos es un mayor estrés térmico, y comienza a ser más molesto el clima en cuanto a temperatura”.

Se siente en el clima
Históricamente se sabe que durante la primera mitad del siglo XX en Jalisco hubo varias desecaciones. Por ejemplo, la de la laguna de Magdalena (que era el segundo cuerpo de agua más grande en la entidad) o la conversión de 30 por ciento del área del Lago de Chapala en zonas de cultivo —esto ocurrió en la llamada Ciénega de Chapala, ubicada entre Jalisco y Michoacán.

Estas alteraciones, así como la expansión urbana del Área Metropolitana de Guadalajara y los incendios forestales en distintos puntos del estado, han contribuido al cambio de clima en la entidad.

Ruiz Corral explicó que estas situaciones han provocado trastornos en la atmósfera, que no se manifiestan de igual manera en todos los lugares. Por ejemplo, las regiones de Jalisco que están más azotadas en cuanto a temperaturas es la Centro, “donde hay mayor dinamismo en cuanto a incremento de temperatura, precisamente por las islas de calor que se provocan en Guadalajara”.

También “en las de Altos y Norte, que son zonas más castigadas por ser regiones semiáridas, donde hay pocos recursos de vegetación, por lo que la regulación del clima es más difícil. Los impactos del cambio climático ahí son más acelerados y evidentes. El cambio climático es global, pero también tiene un carácter regional”.

Según un estudio realizado por Jorge Alberto Cruz Barbosa, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) de Occidente, sobre las temperaturas ante el cambio climático en Jalisco, se encontró que actualmente hay una tendencia de aumento en la temperatura media anual de 0.48 grados centígrados, entre 1960 hasta 2014.

Dicho análisis agrega las regiones Valles y Ciénega, donde “se observa un significativo incremento de noches más cálidas. También un incremento de días cálidos, es decir, el clima se registra más extremoso. Además, se incrementa significativamente la frecuencia de olas de calor”, precisa la publicación, misma que añade que para 2040 se estima que la temperatura media anual crecería de 0.4 a 1.3 grados centígrados.

La avaricia por el aguacate
Jalisco y Michoacán —los estados que han sido estudiados por Ruiz Corral— son entidades que padecen los cambios de uso de suelo, en gran medida por la plantación de aguacate.

Son deforestados bosques de pino y encino para plantar dicho vegetal, ya que crece en zonas altas. Tan sólo en nuestra entidad, 30 por ciento de los plantíos de aguacate en la Región Sur fueron ubicados sobre terrenos donde hubo un cambio de suelo de forma ilegal.

Este dato lo confirmó el propio secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet), Sergio Graf Montero, a propósito del alud de tierra que azotó la cabecera municipal de San Gabriel, fenómeno que, según investigadores de la Universidad de Guadalajara, se debió a varios factores, entre éstos los incendios en los bosques de tierras altas para la siembra de aguacate.

“En honor a la verdad, una vez que las huertas de aguacate desarrollan un tamaño considerable de los árboles, éstos empiezan a tener una cobertura de sombra similar a la que tenía el bosque y hay cierta compensación, aunque nunca llega a ser igual al contexto original”, aseguró Ruiz Corral.

Recordó que el manejo de una huerta no se equipara a las funciones que tienen los bosques, que brindan servicios ambientales, a los que “les estamos dando en la torre”, dijo el investigador. Algunos de estos servicios son la regulación de clima, el refugio para la fauna y flora, evitar la erosión, entre otros.

“Uno de los servicios ambientales del que poco se hablaba, y que ya estamos retomando en las aulas, es el servicio de regulación del clima. Los bosques regulan la temperatura, para que no se nos haga extremosa. Eso lo damos a conocer en la cátedra de Climatología de las licenciaturas y posgrados que impartimos en el CUCBA”.