Parque Alcalde, escenario tapatío del cine mexicano

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Verónica Castro y Cornelio Reyna se les veía tan enamorados mientras remaban en una pequeña lancha en el lago del Parque Alcalde.

Luego caminaron por sus paraboloides hiperbólicos (creados por el arquitecto Alberto Arouesty), y pasearon por el trenecito y los jardines. Todo eso mientras se les escuchaba cantar el tema «Y vivir enamorados».

Cuando se detuvieron frente en uno de los hoy extintos mapas de Jalisco, sus personajes, Silvia y Cornelio, sellaron su amor con un beso.

Esta secuencia se puede ver en el filme Guadalajara es México (1975), del director Fernando Durán Rojas, que para fines de mostrar un entorno ideal para una cita romántica en la ciudad se valieron del emblemático Parque Alcalde, ubicado en la esquina de Jesús García y Mariano Bárcena, al norte del Centro tapatío.

Pero no fue la única película mexicana que tuvo escenas ahí; también lo fueron Guadalajara en verano (1964) y Ven a cantar conmigo (1967).

«Guadalajara es México» (1975) fue una cinta pensada para impulsar la carrera de Cornelio Reyna, que tuvo como locación el Parque Alcalde, y también hay una brevísima escena del parque en la parte posterior de la fuente en la película Un sueño de amor de 1972, dirigida por Rubén Galindo, con Verónica Castro y José José.

Sobre la historia e influencia de dicho espacio público en la construcción de imaginarios en la ciudadanía a través del cine, tres investigadoras del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) realizaron el artículo El Parque Alcalde de la ciudad de Guadalajara, un espacio identitario. Origen, evolución y formas de habitarlo a través del cine mexicano.

Se trata de Verónica Livier Díaz Núñez, Alejandra Fernández Del Valle y Carmen Elisa Gómez Gómez.

Parque Alcalde en la actualidad. Fotografía: Iván Serrano Jauregui

Este trabajo forma parte del libro Ciudad, Arquitectura y Turismo. La representación del cine mexicano, también coordinado por Díaz Núñez y Gómez Gómez, mismo que se puede consultar a continuación en

La intención del libro es difundir los valores patrimoniales de diferentes espacios urbanos, y que el cine mexicano ha logrado conservar y difundir de acuerdo a como se veían décadas atrás, a través de artículos donde los espacios urbanos cobran relevancia en la producción fílmica nacional.

Una de las coautoras, Carmen Elisa Gómez Gómez, compartió que «desde su construcción, el Parque Alcalde fue un espacio urbano que atrajo mucho a los tapatíos con una arquitectura muy novedosa y moderna, monumental, con su imponente fuente y de esa forma también llamó la atención cineastas nacionales».

«El Parque Alcalde ya era un lugar consolidado en los años 60 y 70, seguramente fue por eso que lo seleccionaron para esas películas».

La académica indicó que no se puede saber cómo el cine influyó en un imaginario alrededor del parque, dado que en ese tiempo no había estudios al respecto.

«Las imágenes fílmicas de lugares reconocibles de Guadalajara son importantes, en tanto que las personas se reconocen como habitantes de una ciudad en un tiempo específico».

«Ya desde la posteridad se puede señalar que este cine, en apariencia banal, nos ofrece una ventana a la época en que se filmó y a conocer el rostro desaparecido de un espacio icónico, aún vivo, pero ya transmutado, como el ilustre Parque Alcalde», indican en el libro.

En la publicación se hace mención que las cintas mexicanas que tuvieron al Parque Alcalde como parte de sus locaciones y participaron de una expresión cercana «a la nueva educación sentimental urbana –a la que alude García Canclini–».

«En la que se buscaba que el público joven del momento hiciera suya la experiencia propuesta en el cine, la cual consistía en una invitación a habitar la ciudad en sus espacios públicos, a que ésta forme parte de la experiencia juvenil en un tipo específico de consumo cultural».

En 1972 salió la película Un sueño de amor, del director Rubén Galindo, donde los protagonistas Verónica Castro y José José grabaron una escena en la fuente del Parque Alcalde

Cine con otras formas de abordar los espacios

En la actualidad, el cine mexicano está trabajando otro tipo de imaginarios muy distintos a los que se ofrecían en los años 70 y 60.

Para la académica Carmen Elisa Gómez Gómez, la decisión de filmar en Guadalajara se debió a que a principios de la segunda mitad del siglo XX la Perla Tapatía tuvo una transformación urbana.

«(En ese entonces) el cine nacional ya necesitaba una inyección de originalidad y frescura», dijo.

Sin embargo, hoy en día Guadalajara es un escenario con una intencionalidad distinta a al de aquel entonces.

«En nuestros días, los jóvenes cineastas tapatíos se han enfocado en que sus historias tengan una cierta coherencia geográfica con los sitios donde viven los protagonistas, posiblemente para mantener una autenticidad en el argumento».

«Esto lo vemos que ocurre en las películas de 2013 filmadas en Guadalajara, como en Los insólitos peces gatos, dirigida por Claudia Sainte-Luce y Somos Mari Pepa, de Samuel Kishi».

En el caso de Somos Mari Pepa, la historia trascurre en la zona de Atemajac en Zapopan con locaciones como el hoy extinto puente hecho por Fernando González Gortázar (destruido durante las obras de la Línea 3 del Tren Ligero), en el cruce de Ávila Camacho y avenida Patria.

«Lo que ellos deciden como directores es no tanto vender una imagen de la ciudad con sus hitos arquitectónicos identificables (Plaza Guadalajara, Catedral, Teatro Degollado)».

Un filme contemporáneo que sí buscó dar un realce a símbolos urbanos de la ciudad, dijo, es el de Soltera, treintona y fantástica, de Chava Cartas, en 2016, con Bárbara Mori como protagonista.

«Ahí sí se prefieren insertar imágenes de la ciudad que son sitios identificables con el consumismo ubicuo, ahí insertan hitos arquitectónicos como es la fuente de La Minerva y La Glorieta de Los Niños Héroes (Glorieta de las y los desaparecidos)».