«Dichoso de ti angelito», fotos post mortem de pequeños alteños

El promotor cultural Arnulfo Salazar presenta el libro “Dichoso de ti angelito”, con imágenes de la primera mitad del siglo XX pertenecientes al archivo de Pablo Ibarra

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En la región de Los Altos de Jalisco, como en muchas otras partes donde imperó el catolicismo, la muerte de bebés y niños implicaba un ritual para encontrar un consuelo en las familias: el Velorio de Angelitos.

Esta tradición se basaba en que al haber sido pequeños sin uso de razón “estaban libres de pecado” y, por ende, su fallecimiento significaba su llegada inmediata al Paraíso.

Se trataba de un tendido donde los pequeños estaban vestidos de blanco, llenos de flores, y eran acompañados de música y un ambiente festivo entre los vecinos del barrio.

“No es una teatralidad, ni escenografía, sino la construcción de un espacio que se asegura de que estén todos los símbolos que acompañan al cuerpo del angelito, para que su tránsito al Cielo sea efectivo”.

Esto lo comenta el maestro Arnulfo Salazar Aguirre, promotor cultural e investigador de temas estéticos, egresado de la licenciatura en Artes Visuales para la Expresión Fotográfica del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la UdeG.

Él es originario del municipio de Jesús María, Jalisco, donde esta tradición tuvo apogeo y en la que creció con una familia que también tuvo su propio angelito, que fue uno de sus 13 hermanos. Esa influencia lo llevó a rescatar la memoria visual de dicha práctica mediante la creación del libro Dichoso de ti angelito, en el que reúne un centenar de fotografías post mortem de pequeños fallecidos en la región Altos Sur, primordialmente de la década de 1930.

“Cuando el niño moría se le hablaba al padrino, que solían ser los tíos o cuñados. Ellos eran los encargados de vestir y coronar al angelito. Debían vestirlo de blanco, prepararlo para que entre al reino de los cielos y ponerle una corona de flores, cuyo simbolismo es la gloria que alcanzan por la gracias de haber muerto sin pecado”.

En las fotografías recopiladas se nota que la mayoría de los pequeños fallecidos estaban vestidos con su ropón de bautizo, con coronas de flores de azahar o de cera. Cuando las circunstancias lo permitían, se ponía el cuerpo en un ataúd blanco o pintado de rosa o azul”, describió Salazar Aguirre.

“También se muestra un tendido de flores –abundó–, porque había que dárselas al angelito para que se las llevara a la Virgen. Sus manitas las colocaban sobre el pecho, o juntas en señal de plegaria, ya sea con un rosario o una cruz de carrizo”.

Para Salazar Aguirre, “en las fotos se reúnen el abanico de realidades de los Altos de Jalisco”, pues tanto las familias más humildes, como las más ostentosas, buscaban dar una despedida digna al angelito.

Esas imágenes forman parte del archivo de Pablo Ibarra (1901-1973), quien fungió como fotógrafo de Arandas, Jalisco, durante gran parte del siglo XX, así como de localidades aledañas de la región Altos Sur de la entidad.

Con ayuda de la señora Bertha Ibarra, hija de Pablo Ibarra y quien resguarda el archivo de su padre, Arnulfo Salazar hizo una difícil curaduría de fotografías de bebés y niños recién fallecidos, de entre los 80 mil negativos acumulados por 80 años.

“Cuando la fotografía llega, se empieza a favorecer la representación gráfica de la tradición, incluso ya se veía desde antes en exvotos y pinturas virreinales. La fotografía vino a democratizar las representaciones sociales de todos los estratos, también permitió la representación de la muerte”, dijo.

Prohibido llorar la pérdida de un hijo
Desde la tradición católica se entiende que hay una bendición en la familia cuando uno de tus hijos o hijas, en los primeros años o días de nacido, muere. “Esto, porque alcanza más rápido la gloria”, detalló Salazar Aguirre. “Que estos niños lo alcancen era considerado un logro, un triunfo, y había que celebrarlo. Un tendido de angelito, más que una tragedia, es una tradición”, relató.

Por esa razón, el lamentable suceso era una especie de fiesta, donde había el entendido de que no había que llorarles y eso se demuestra en la serie de fotos recopiladas en el libro, donde los rostros de los padres, las madres y hermanos son parcos; algunas veces con una ligera intención de sonreír, por muy forzado que parezca.

“Sí había cierta restricción de no llorarles, incluso hay algunos parabienes, cantos u oraciones que dicen: ‘No llores, madre dichosa, que ya tu angelito va al cielo’. Que la familia le llorara impedía que el angelito llegara al Cielo, porque se estaban aferrando a no cumplir la voluntad divina”, detalló.

Recordó que durante la realización del libro, en una entrevista una señora le contó de una conocida que tenía un angelito y le lloraba a diario. “Y entonces ella decía que lo veía, se le aparecía en las noches. Un día platicó con el sacerdote del pueblo y le dijo que dejara de llorar, pues con las lágrimas se crea un río que impide al angelito cruzar al Cielo”.

Es muy difícil que encontremos una fotografía donde se vea ese dolor, porque sí hay una redención personal y familiar”, recalcó. En contraparte de la tristeza, el día del sepelio de los niños también se acompañaba de música y fiesta en los barrios donde ocurría el fallecimiento.

El promotor cultural comentó que es posible que el Velorio de Angelitos date de una tradición árabe que se popularizó en España durante la conquista musulmana, misma que se heredó a lo largo de los siglos a los cristianos mozárabes y luego se expandió por el territorio americano durante la colonización española como parte de la liturgia católica.

Dijo que dichos tendidos dejaron de hacerse en la segunda mitad del siglo XX, cuando la mortalidad infantil bajó debido a la implementación de vacunas y mejores sistemas de salud. Pero ésta sobrevivió hasta 1990 en Los Altos, aunque actualmente está en desuso.

Aún así, dijo, hay quienes en las salas de sus casas o en el cajón de los recuerdos tienen la foto de los últimos momentos de un hermano, tío, primo o hijo que perdió la vida. Hay quienes dicen que ese angelito es un puente con Dios, pues aunque no lo consideran como santo, sí lo piensan como un alma que puede interceder entre la familia y el Creador.

Dichoso de ti angelito fue financiado con apoyo del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico de Jalisco (PECDA), de la Secretaría de Cultura de Jalisco; el gobierno del municipio de Jesús María, la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), la refaccionaria Agrícola El Chino y la empresa CARSE.

Tiene un costo de 500 pesos y se puede conseguir a través del Facebook del autor: https://www.facebook.com/arnulfo.salazar.14

Atentamente
“Piensa y Trabaja”
“2022, Guadalajara, Hogar de la Feria Internacional del Libro y Capital Mundial del Libro”
Guadalajara, Jalisco, 1 de noviembre de 2022

Texto: Iván Serrano Jauregui
Fotografía: Iván Lara González